lunes, abril 30, 2012

Travesía MMXII - 1 - Singladura 3 ¿y última?

(Esta entrada es la tercera de una serie que empieza aquí)

Me encantan los amaneceres. Y en Alicante siempre son especiales.

Mientras duerme la mayoría, volvemos a mirar el parte.



Según dos de las previsiones, el viento será moderado e irá rolando a nuestro favor confome avance la jornada. Una tercera, en cambio, augura viento de proa, olas en aumento y rachas superiores a 30 nudos a partir de las 16:00 UTC.

La prudencia tiene que hacer que siempre consideremos la peor de todas. La Ley de Murphy también.

Tras un paseo matutino de la parte adulta de la tripulación, necesario para aprovisionar cuerpo y espíritu, volvemos a puerto y recogemos para soltar amarras.

La navegada de hoy comienza bien. Parece que se van cumpliendo los pronósticos más favorables y vamos atacando un ángulo aparente de 40º avanzando a 6 nudos, esta vez de GPS.

Varios veleros llevan una derrota similar a la nuestra, por lo que comienzan las típicas miradas desafiantes. "Todo velero que encuentra a otro en su derrota, acaba haciendo una regata inconsciente contra él" (Proverbio marinero).

El viento arrecia y nos olvidamos de los barcos que hay alrededor. De hecho, alguno ha cambiado el rumbo y ya no se ve. Además, el viento ha decidido venir justo desde nuestro punto de destino, por lo que nos vemos obligados a hacer bordos.

En el primer bordo a babor salta el nudo de la escota del génova, recién cambiada. Me voy a proa a rehacerlo y me cuesta trabajo por los latigazos. En ese momento, Josito se me acerca, le pega el abrazo del oso a la vela y me la deja quieta para que pueda anudar la escota a placer. ¡Gracias, Josito, te debo una!

Arreglado el desaguisado, las olas rompen en las amuras cada vez más fuerte. Lo que recibimos no son rociones, sino olas en toda regla. La ropa se moja y se seca varias veces, dejando el característico resto de sal que acartona el tejido.

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Decidimos recoger un cuarto de génova. El viento sigue en aumento. Los bordos parecen no dar un resultado claro en el objetivo de avanzar a destino. Un par de rachas nos hacen patente que vamos pasados de trapo. Nos aproamos en la enfilación de Tabarca para enrollar un poco más de génova y poner dos rizos. Ese simple hecho hace que ganemos en velocidad y que demostremos que no por llevar más vela se va más rápido.

Sin embargo, el Cabo de Santa Pola, que ya a la venida se nos hizo larguísimo, parece que no se acaba nunca.

Cuando ya lo sobrepasamos, dejamos de estar a redoso de la Isla de Tabarca, con lo que parece que viento y olas han aumentado. La navegación no es especialmente agradable, pero nadie se queja.

Nos habíamos puesto como "hora de comer" el haber rebasado el Cabo de Santa Pola. Javi, que lleva ya un rato en cabina, mirándonos con cara de no entender qué hacemos fuera con la que está cayendo, prepara bocadillos a los sufridores de la bañera, quienes dan buena cuenta de ellos.

La ETA varía según el bordo pero es más que evidente que no llegaremos a la última apertura del puente. ¿Dónde pasar la noche? ¿S. Pedro? ¿Cabo Roig? ¿Torrevieja de nuevo? El aguante del cuerpo nos lo dirá. Apenas logramos pasar de 4 nudos en rumbo directo y es una navegación muy dura.

Poco a poco el esfuerzo va haciendo mella. No merece la pena seguir luchando contra quien sabes de antemano que es más fuerte y te puede y decidimos no pasar de Torrevieja. Al menos, tenemos la certeza de una ducha calentita ;-)

Y así es. Tras una lucha de más de ocho horas, llegamos a la Marina Internacional de nuevo. La ducha sabe a gloria y, tras la experiencia del Burger King de ayer, hoy vamos a darnos otro homenaje en el de Torrevieja sin prisas. Nos lo merecemos.

Balance del día: estamos todos, nadie se ha hecho daño, no se ha roto nada, nadie se ha mareado, estamos en puerto, hemos cenado... ¿Qué más se puede pedir?



(continúa)




domingo, abril 29, 2012

Travesía MMXII - 1 - Singladura 2

(Esta entrada es la segunda de una serie que empieza aquí)

Amanece en la Marina Internacional de Torrevieja. La noche ha sido tranquila y reparadora.

Poco a poco va despertando la tripulación. Todos dicen haber pasado una buena noche. Incluso los que ya venían de casa con problemas de espalda. Otra preocupación menos para el patrón.

Desayunamos y nos disponemos a zarpar. Lo primero que queremos es rellenar el depósito de combustible. Nos dicen en la Marina Internacional que la gasolinera es sólo para socios y que, de todos modos, siendo domingo, estaba cerrada.

Mientras la tripulación se organiza a bordo, me acerco a la gasolinera que había visto la noche antes, junto a Los Granaínos, con el contenedor para, al menos, asegurarme de que habrá cinco litros.

Soltamos amarras y lo primero que hacemos es acercamos a la Marina Salinas, a hacer gasoil. Mientras, los tripulantes se acercan para contemplar el submarino Delfín y hacerle fotos.


El depósito estaba prácticamente vacío. Es raro para el uso que le damos pero ahora ya vamos tranquilos de tener combustible para el resto del año.

Ahora sí, una vez realizado el repostaje, zarpamos. Rebasada la punta de Torrevieja, ponemos rumbo 30º N. El lebeche nos permite hacer buenas planeadas también hoy. No llueve y, en apenas dos horas, ya estamos a la altura de la Isla de Tabarca.

Lo estamos pasando bien. Hay un buen ambiente a bordo.

Los tiempos se van cumpliendo y vamos aprendiendo los pormenores de la navegación a vela.

Todos van pasando por el timón para comprobar que estar a la caña no es tan complicado como parece.

 













Como estaba previsto, la intensidad del viento va en aumento pero cuando arrecie ya estaremos en la Marina de Alicante.

Hemos elegido este puerto en lugar del RCR de Alicante, por su cercanía al casco histórico. La verdad es que ambos puertos tienen su encanto y el trato es exquisito en los dos.

Se nos ha dado tan bien, que a la llegada aún tenemos que esperar a que abran la oficina en el horario de tarde. Aprovechamos para dar un paseo por la sede de la VOR. Impresiona ver los barcos que han disputado las ediciones anteriores y que han quedado a modo de monumento.

Entre unas cosas y otras, no hemos tenido tiempo de comer. Nos damos cuenta cuando ya hemos dejado el barco en el amarre que nos han asignado. Como dice Iñaki, "haremos comida-merienda-cena y así ahorramos".

Y así es: vamos al Burger King de la Explanada de España (y porque no había otro sitio más cerca) y nos pedimos sendos menús gigantes con la promoción del Sandy gratis. Cuesta trabajo terminárselo pero el orgullo adolescente hace que no quede ni una patata frita.

Luego, paseíto por el centro y visita a la réplica del galeón Santísima Trinidad, que está por aquí. Impresionan las dimensiones. A bordo no se siente ningún movimiento. ¿O será que ya estamos marinizados?




Antes de dormir, oímos rugir el viento fuera. Menos mal que estamos a buen resguardo.

Planificando el día siguiente, nos cuestionamos las distintas posibilidades. La tripulación quiere un día de asueto en La Manga antes de volver a Madrid. Por lo tanto, si queremos llegar antes de la apertura del último puente de El Estacio, será necesario levantarse temprano: según la previsión, nos espera una jornada dura, con fuerte viento de proa.










(continúa)

sábado, abril 28, 2012

Travesía MMXII - 1 - Singladura 1

Nos disponemos a comenzar una travesía muy especial. Por un lado, porque la mayoría de los tripulantes nunca ha dormido a bordo de ningún barco (alguno confiesa que la experiencia más marinera que ha hecho ha sido en las barcas del Retiro, de Madrid); por otro, porque hace tiempo que el YULUKA no sale a navegar varios días.

Tenemos muchos planes y poco tiempo: Tabarca, Santa Pola, Cartagena, Alicante...

El primer inconveniente es que, aunque había intención de zarpar a primera hora de hoy, un imprevisto en los rodetes del sail drive nos obliga a una reparación de última hora, por lo que el barco, que ha pasado en varadero casi tres meses, aún tiene que esperar unas horas más antes de irse al agua.

No obstante, la espera permite que los grumetes recién enrolados aprendan o practiquen cómo hacer nudos.

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Por fin, a las 13:00 se logra poner a flote y se vuelve a comprobar que el Principio de Arquímedes continúa siendo válido.

Esta inmutabilidad de las Leyes de la Física nunca dejará de maravillarme.














Estibamos el equipaje y enfilamos la bocana del Puerto de S. Pedro del Pinatar a eso de las 16:00. Había cierta prisa, porque la previsión meteorológica nos vaticinaba vientos de 35 nudos a partir de las 18:00 y queríamos que nos pillaran en puerto. ¿En cuál? El retraso nos hizo cambiar el destino deseado y, aunque los portantes nos hicieron volar hasta picos mantenidos de 9,8 nudos sólo con el génova desplegado, tuvimos que renunciar a llegar a Santa Pola, conformándonos con Torrevieja, donde llegamos a las 17:30. Poco tiempo para casi 10 millas.

Para los nuevos grumetes, la climatología no era de las que crean afición. A ratos llovía y había una cierta mar de fondo. Pese a ello, respondieron bien y antes de las primeras cinco millas ya intuía que nos íbamos a divertir durante todos los días restantes. No eran las condiciones que se sueñan cuando uno ve los anuncios que nos venden la náutica sin contratiempos y, aun así, decían divertirse. Una preocupación menos para el patrón.

Nos dieron amarre en una T de la Marina Internacional. El barco apenas se movía pese a la que estaba cayendo fuera.

Sin duda, lo que más agradeció la tripulación al llegar a puerto fue la posibilidad de una ducha caliente. En eso, este puerto tiene ventaja sobre otros. A continuación, un paseo por la ciudad, que la mayoría nunca había pisado anteriormente, la cena -obligada cuando se arriba a Torrevieja- en "Los Granaínos" (muy a mano del puerto y con género del que resucita a un muerto) y a la búsqueda de que la posición horizontal en cabina restituya las fuerzas, ya que las ilusiones permanecían intactas.

(continúa)

YULUKA's restyling


Hacía tiempo que el YULUKA necesitaba un lavado de cara. El "azul ducados" original había ido perdiendo consistencia y daba sensación de dejadez. Pensábamos que, con un pulido, el color quedaría uniforme y no fue así: el efecto del sol había hecho estragos. Además, las cintas blancas estaban dañadas por el paso del tiempo.
Aprovechando su visita al varadero, lo hemos sometido a un cambio de look, dándole una imagen más seria. El resultado se puede ver en las siguientes fotos:
 
Unos vinilos en distintos azules, para combinar con el bimini y el lazy bag y otros en blanco que, aunque ya teníamos hechos, nunca se los habíamos llegado a poner, para darle un toque de gracia.












Ahora parece recién salido del astillero, con una imagen actual. ¿Os gusta?